sábado, 11 de julio de 2009

NOVENA DE LA VIRGEN DEL CARMEN - QUINTO DIA



DIA QUINTO

MARÍA Y LA GRACIA DIVINA.

1.- Salutación

Salutación:

Madre del Carmelo, al llegar a tí , evoco la visita que hiciste al hogar de Zacarías. En alas del amor volaste hasta la montaña. Al encontrarte con Isabel la saludaste. Y tus palabras de cortesía estremecieron prodijiosamente a Juan en el seno materno. Tu prima, llena del Espíritu Santo, contestaba a tu saludo con una jubilosa bienvenida. Yo, Bendita Señora y Madre mía, repito hoy la felicitación de Isabel: ¡ Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tú vientre !…¡ Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá lo que se te ha dicho de parte del Señor !

Virgen del Carmen, Madre, aquí me tienes, junto a tí.
¡ Mi corazón, Madre, se remansa frente al tuyo, para que lo enciendas en tu amor y lo configures a tu semejanza !

Virgen del Carmen, mendigo soy de Dios y tuyo,
por eso he de pedirte que socorras mis necesidades, (pedir aquí la intención) pero sobretodo, las de los hombres, mis hermanos.

Madre, recibe de nuevo mi saludo, ahora con las palabras del Angel: ¡ Alégrate, llena de gracia; el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres !

Amén.


2.- Evangelio según San Lucas 1,26-35:

“Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y, entrando le dijo: “Alégrate llena de gracia, el Señor está contigo”. Ella se conturbó por estas palabras, y discurría que significaría aquel saludo. El ángel le dijo: “ No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin”. María respondió al ángel: “¿Cómo será esto puesto que no conozco varón?” El ángel le respondió: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios”. Palabra del Señor.


3.- Reflexiones:


a.- María, es la “Purísima”, la mujer que fue concebida sin pecado porque debía ser Madre del Redentor. La promesa del Salvador está unida a la promesa de la misteriosa mujer que surgirá en la historia. Después de la maldición hecha a la serpiente, dijo el Señor: “Enemistad pondré entre ti y la mujer y entre tu linaje y su linaje: él te aplastará la cabeza mientras acechas tú su calcañar (Gn.3, 15). La lucha entre el linaje de María y el de la serpiente es desde la concepción de María que al ser concebida Inmaculada, sin pecado original y por lo tanto en completa oposición al demonio. Lucha que termina con la venida de Jesús, Hijo del linaje de la mujer que viene al mundo para vencer con su muerte y resurrección destruye el pecado. María ocupa, por su vocación un primer plano en el orden de la salvación; Ella es la Madre del Redentor pero también su primera redimida, preservada de toda culpa en vista de los méritos del Hijo. El privilegio de la Inmaculada Concepción no sólo es ausencia de pecado sino plenitud de gracia.


b.- El saludo de Gabriel es el testimonio más elocuente de la Inmaculada Concepción ya que no tendría sentido el “llena de gracia” si el pecado la hubiera manchado aunque fuese sólo un instante. María comenzó su vida colmada de gracia y amor de Dios. Si contemplamos su fidelidad y disponibilidad total al plan de Dios, podemos intuir a cuáles alturas de calidad en el amor y de comunión haya llegado con Dios, precediendo con mucho a todos los seres del cielo y de la tierra (cfr. Vaticano II, LG 53). San Pablo, en su carta a los Efesios (1,3-6), declara la elección y bendición que reciben los creyentes en Cristo. María fue bendecida y elegida por Dios ya que es la única criatura santa e inmaculada. En María la elección y bendición produjeron el fruto más perfecto Jesucristo. Fue elegida y bendecida para ser Madre Inmaculada.


c.- Al celebrar a la “llena de gracia” alabamos a Dios por todas las maravillas que hizo en su Sierva. La maravilla fue romper la cadena del pecado de origen que ata a todos los hijos de Adán antes que se realizara históricamente la salvación que Jesús, nacido de Ella, habría de realizar. María de Nazaret es la primera redimida; con ella comienza la historia de la salvación dando luz a Aquél por quien nos vino la salvación. Cuantos creen siguen a Cristo, han sido bendecidos y elegidos por Dios para ser santos e inmaculados. .. Este plan de salvación que se realizó en María, también ha de realizarse en cada uno de los fieles. La Virgen es modelo en su fidelidad a la gracia y en su apertura a Dios. Así como esa fidelidad floreció en amor a Dios y al prójimo también en nosotros debe madurar en frutos de justicia y amor para gloria de Dios.


d.- El Concilio Vaticano II enseña:

“La Madre de Jesús por haber dado luz al mundo la Vida misma que renueva todas las cosas y por haber sido adornada por Dios con dones dignos de un oficio tan grande. Por lo que nada tiene de extraño que entre los Santos Padre prevaleciera la costumbre de llamar a la Santa Madre de Dios totalmente santa e inmune de toda mancha de pecado, como plasmada por el Espíritu Santo. Enriquecida desde el primer instante de su concepción con el resplandor de una santidad enteramente singular, la Virgen Nazarena, por orden de Dios, es saludada por el ángel de la Anunciación como llena de gracia (Cfr. Lc. 1,28), a la vez que ella responde al mensajero celestial: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc.1, 38). Así María, hija de Adán, al aceptar el mensaje divino, se convirtió en Madre de Jesús, y al abrazar de todo corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvífica de Dios, se consagro totalmente como esclava del Señor a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redención con Él y bajo ÉL, con la gracia de Dios omnipotente” (Vaticano II, LG 56).


4.- Preces: Oremos al Padre por medio del Hijo en el Espíritu Santo.


María Madre de la Gracia, guárdanos en el amor de Dios. Oremos.

a.- Para que la Iglesia, imitando a María, que es su figura se conserve siempre virgen para que guarde la fe prometida al Esposo. Oremos.

b.- Que los sacerdotes y consagrados mantengan fielmente sus compromisos hechos al Esposo Cristo y a su Iglesia. Oremos.

c.- Que los esposos cristianos guarden los votos pronunciados ante Dios y la comunidad de hermanos. Oremos.

d.- Que la juventud cristiana se esfuerce en vivir su fe cristiana construyendo un mundo más humano y solidario. Oremos.

e.- Que los enfermos del alma y del cuerpo ofrezcan sus dolores con Cristo Crucificado al Padre por la salvación del mundo. Oremos.

f.- Que nuestros hermanos difuntos, limpios ya de sus culpas, alcancen la vida eterna. Oremos.

Oremos: Te suplicamos, Señor, que nos asista con su intercesión poderosa la Santísima Virgen María, Madre de la divina Gracia y para que guiados por su ejemplo y protección, lleguemos hasta la cima del monte de la perfección que es Cristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.


5.- Oración final para todos los días de la novena:

“¡Oh Virgen Santísima del Carmen!, Llenos de la más tierna confianza, como hijos que acuden a la protección de su Madre, nosotros venimos a implorar una vez más los tesoros de su misericordia, que con tanta solicitud nos habéis siempre dispensado. Reconocemos humildemente que uno de los mayores beneficios que Dios ha concedido a nuestra Patria ha sido señalaros a Vos por nuestra especial Abogada, Protectora y Reina. Por eso, a Vos clamamos en todos nuestros peligros y necesidades, seguros de ser benignamente escuchados. Vos sois la Madre de la divina gracia, conservad puras nuestras almas; sois la torre poderosa de David; defended el honor y la libertad de nuestra Nación; sois el refugio de los pecadores, tronchad las cadenas de los esclavos del error y del vicio; sois el Consuelo de los afligidos, socorred a las viudas, a los huérfanos y a los desvalidos; sois el Auxilio de los cristianos, conservad nuestra fe, y proteged a nuestra Iglesia, en especial a sus obispos, sacerdotes y religiosos.


Desde el trono de vuestra gloria, atended a nuestras súplicas, ¡Oh Madre del Carmelo! Abrid vuestro manto, y cubrid con él a mi república, de cuya bandera Vos sois la Estrella luminosa. Os pedimos el acierto para los magistrados, legisladores y jueces; paz y piedad, para los matrimonios y familias; santo temor de Dios, para los maestros; inocencia para los niños; y para la juventud cristiana educación. Apartad de nuestras ciudades los terremotos, incendios y epidemias; alejad de nuestros mares las tormentas, y dad la abundancia a nuestros campos y montañas. Sed Vos el escudo de nuestros guerreros, y el faro de nuestros marinos amparo de los ausentes y viajeros. Sed el remedio de los enfermos, la fortaleza de las almas atribulada, la protectora especial de los moribundos y la redentora de las almas del Purgatorio.


¡Oídnos pues Madre Clementísima!, y haced que, viviendo unidos en la vida por la confesión de una misma fe y por la práctica de un mismo amor al Corazón Divino de Jesús, podamos ser trasladados de esta Patria terrenal a la Patria inmortal del cielo, en que os alabaremos y bendeciremos por los siglos de los siglos. Así sea.





6.- Canto final: Virgen del Carmen bella…


7.- Sugerencias para tu oración personal.


- “Tú maravillosa belleza se la debes a la previsión del Padre y a la Pascua de tu Hijo. Santificada por el Espíritu, permaneces Virgen fiel, Virgen Inmaculada, seáis bendita! La Inmaculada “Tota pulchra es, sponsa mea, et macula non est in te” En la vigilia de la Concepción, miré esa imagen, y vi entonces en Maria a mi Amada: vi la Iglesia santa. En Cristo, su Cabeza, contemplé su inmensa e incomparable belleza, y en las fisonomías, la cara e imagen del mismo Dios. “¡Qué eres bella, decíale mi corazón, en arrebatos de amor!”. “¡Qué eres pura, oh Virgen amada, qué eres amable”. Miré su cuerpo. ¡Qué eres perfecta, qué hermosa, Esposa mía! Es parte y miembro de este Cuerpo las jerarquías y coros celestes, unidos a ellos las almas glorificadas y los justos de la tierra: estos miembros, unidos a Cristo, su Cabeza, forman el cuerpo de mi Amada” (Beato Francisco Palau. Obras Completas pp. 405-406).