lunes, 13 de julio de 2009

NOVENA DE LA VIRGEN DEL CARMEN - SEPTIMO DIA


DIA SEPTIMO

MARÍA Y LA ORACIÓN

1.- Salutación

Salutación:

Madre del Carmelo, al llegar a tí , evoco la visita que hiciste al hogar de Zacarías. En alas del amor volaste hasta la montaña. Al encontrarte con Isabel la saludaste. Y tus palabras de cortesía estremecieron prodijiosamente a Juan en el seno materno. Tu prima, llena del Espíritu Santo, contestaba a tu saludo con una jubilosa bienvenida. Yo, Bendita Señora y Madre mía, repito hoy la felicitación de Isabel: ¡ Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tú vientre !…¡ Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá lo que se te ha dicho de parte del Señor !

Virgen del Carmen, Madre, aquí me tienes, junto a tí.
¡ Mi corazón, Madre, se remansa frente al tuyo, para que lo enciendas en tu amor y lo configures a tu semejanza !

Virgen del Carmen, mendigo soy de Dios y tuyo,
por eso he de pedirte que socorras mis necesidades, (pedir aquí la intención) pero sobretodo, las de los hombres, mis hermanos.

Madre, recibe de nuevo mi saludo, ahora con las palabras del Angel: ¡ Alégrate, llena de gracia; el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres !

Amén.


2.- Evangelio: Lc. 2,19. (Cfr. Lc.2,51ss).


“Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: “Vayamos, pues hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado. Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquél niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón”. Palabra del Señor.


3.- Reflexiones:


a.- Es completamente necesario entrar en el santuario íntimo del alma de María para conocer la oración de María, Madre de Jesús. Ninguna como María ha vivido la intimidad con el Señor Dios. Es una intimidad de hija de Dios; Madre del Salvador y Esposa del Espíritu Santo. Prevalece por supuesto la relación de María como Madre con el Hijo de Dios. ¿Cómo habrán sido las íntimas relaciones entre la Madre y el Verbo de Dios durante los meses que lo llevó en su seno? Por esto a Ella se le puede llamar Sagrario o Templo del Verbo encarnado. Allí en esa intimidad María ama y adora al Dios hecho hombre. Al ser la Virgen la que lleva en su seno al Enmanuel toda ella queda bañada de Amor y gloria divina en la humildad y sencillez de su vida ordinaria. En su corazón comprende poco a poco el misterio que la invade. Entiende el misterio que se verifica en Ella: solo María ha penetrado el Corazón de su Hijo. Sólo Ella advierte la necesidad de darse a tiempo completo a Él y a su obra de salvación.


b.- Si la oración es diálogo de amor con quien sabemos nos ama, María es la orante por excelencia, que aprendió en su alma a escuchar al Verbo de Dios, antes de nacer y luego oírle en su hogar de Nazaret y más tarde predicando a las multitudes del reino de Dios. Ella dialogó porque supo escuchar y en ese espacio amar y dejarse amar por Dios. De ahí que Isabel de la Trinidad propone que la Virgen del Adviento es modelo de los espirituales por que escucha, dialoga, admira el misterio y lo adora. La adoración es el éxtasis del amor en el cual debemos aprender a vivir en lo interior.


c.- El Concilio enseña:

“Esta obra de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte. En primer lugar, cuando María, poniéndose con presteza en camino para visitar a Isabel, fue proclamada por ésta bienaventurada a causa de su fe en la salvación prometida, a la vez que el Precursor saltó de gozo en el seno de su madre (cfr. Lc. 1,41-45); y en el nacimiento, cuando la Madre de Dios, llena de gozo, presentó a los pastores y a los Magos a su Hijo primogénito que, lejos de menoscabar, consagró su integridad virginal. Y cuando hecha la ofrenda propia de los pobres lo presentó al Señor en el templo y oyó profetizar a Simeón que el Hijo sería signo de contradicción y que una espada atravesaría el alma de la Madre, para que se descubran los pensamientos de muchos corazones (cfr. Lc. 2,34-35). Después de haber perdido al Niño y haberlo buscado con angustia, sus padres lo encontraron en el templo, ocupado en las cosas de su Padre, y no entendieron la respuesta del Hijo. Pero su Madre conservaba todo esto en su corazón para meditarlo (cfr. Lc. 2, 41-51)” (Concilio Vaticano II, L. G.57).


4.- Preces: Oremos al Padre por medio del Hijo en el Espíritu Santo.


- Virgen orante, enséñanos a orar en espíritu y verdad.

a.- Que la Iglesia permanezca siempre unida con la Madre de Jesús. Oremos.

b.-Que Jesús Maestro enseñe a orar a los cristianos de hoy así como enseñó a sus discípulos. Oremos.

c.- Para que el Carmelo Teresiano dé testimonio de su intimidad con Dios a través de sus obras de caridad, justicia y verdad en el amor. Oremos.

d.- Por todos los Cofrades del Carmen para que su vida interior los haga testigos de la intimidad con Dios y piedras vivas de la Iglesia en la promoción de la vida espiritual. Oremos.

Oremos: Te suplicamos, Señor, que nos asista con su intercesión poderosa la Santísima Virgen María, Madre y Reina del Castillo Interior, para que, guiados por su ejemplo y protección lleguemos hasta la cima del monte de la perfección que es Cristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.


5.- Oración final para todos los días de la novena:

“¡Oh Virgen Santísima del Carmen!, Llenos de la más tierna confianza, como hijos que acuden a la protección de su Madre, nosotros venimos a implorar una vez más los tesoros de su misericordia, que con tanta solicitud nos habéis siempre dispensado. Reconocemos humildemente que uno de los mayores beneficios que Dios ha concedido a nuestra Patria ha sido señalaros a Vos por nuestra especial Abogada, Protectora y Reina. Por eso, a Vos clamamos en todos nuestros peligros y necesidades, seguros de ser benignamente escuchados. Vos sois la Madre de la divina gracia, conservad puras nuestras almas; sois la torre poderosa de David; defended el honor y la libertad de nuestra Nación; sois el refugio de los pecadores, tronchad las cadenas de los esclavos del error y del vicio; sois el Consuelo de los afligidos, socorred a las viudas, a los huérfanos y a los desvalidos; sois el Auxilio de los cristianos, conservad nuestra fe, y proteged a nuestra Iglesia, en especial a sus obispos, sacerdotes y religiosos.


Desde el trono de vuestra gloria, atended a nuestras súplicas, ¡Oh Madre del Carmelo! Abrid vuestro manto, y cubrid con él a mi república, de cuya bandera Vos sois la Estrella luminosa. Os pedimos el acierto para los magistrados, legisladores y jueces; paz y piedad, para los matrimonios y familias; santo temor de Dios, para los maestros; inocencia para los niños; y para la juventud cristiana educación. Apartad de nuestras ciudades los terremotos, incendios y epidemias; alejad de nuestros mares las tormentas, y dad la abundancia a nuestros campos y montañas. Sed Vos el escudo de nuestros guerreros, y el faro de nuestros marinos amparo de los ausentes y viajeros. Sed el remedio de los enfermos, la fortaleza de las almas atribulada, la protectora especial de los moribundos y la redentora de las almas del Purgatorio.


¡Oídnos pues Madre Clementísima!, y haced que, viviendo unidos en la vida por la confesión de una misma fe y por la práctica de un mismo amor al Corazón Divino de Jesús, podamos ser trasladados de esta Patria terrenal a la Patria inmortal del cielo, en que os alabaremos y bendeciremos por los siglos de los siglos. Así sea.


6.- Canto final: Madre del Carmelo…


7.- Sugerencias para tu oración:


- “Me parece que la actitud de la Virgen durante los meses transcurridos entre la Anunciación y el Nacimiento es el modelo de las almas interiores; de esos seres que Dios ha escogido para vivir dentro de sí, en el fondo del abismo sin fondo. ¡Con qué paz, con qué recogimiento María se sometía y se prestaba a todas las cosas! ¡Cómo, aun las más vulgares, eran divinizadas por Ella! Porque a través de todo la Virgen no dejaba de ser la adoradora del don de Dios. Esto no la impedía entregarse a las cosas de fuera cuando se trataba de ejercitar la caridad. El Evangelio nos dice que María subió con toda diligencia a las montañas de Judea para ir a casa de su prima Isabel (Lc. 1,39-40). Jamás la visión inefable que ella contemplaba en sí misma disminuyó su caridad exterior” (Sor Isabel de la Trinidad, Carmelita descalza francesa, El cielo en la fe, CF 40).