domingo, 12 de julio de 2009

NOVENA DE LA VIRGEN DEL CARMEN - SEXTO DIA



DIA SEXTO.

MARIA Y LA IGLESIA

1.- Salutación

Salutación:

Madre del Carmelo, al llegar a tí , evoco la visita que hiciste al hogar de Zacarías. En alas del amor volaste hasta la montaña. Al encontrarte con Isabel la saludaste. Y tus palabras de cortesía estremecieron prodijiosamente a Juan en el seno materno. Tu prima, llena del Espíritu Santo, contestaba a tu saludo con una jubilosa bienvenida. Yo, Bendita Señora y Madre mía, repito hoy la felicitación de Isabel: ¡ Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tú vientre !…¡ Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá lo que se te ha dicho de parte del Señor !

Virgen del Carmen, Madre, aquí me tienes, junto a tí.
¡ Mi corazón, Madre, se remansa frente al tuyo, para que lo enciendas en tu amor y lo configures a tu semejanza !

Virgen del Carmen, mendigo soy de Dios y tuyo,
por eso he de pedirte que socorras mis necesidades, (pedir aquí la intención) pero sobretodo, las de los hombres, mis hermanos.

Madre, recibe de nuevo mi saludo, ahora con las palabras del Angel: ¡ Alégrate, llena de gracia; el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres !

Amén.

2.- Evangelio: Jn. 19, 25 - 27:

“Junto a la cruz de Jesús, estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quién amaba, dijo a su madre: “Mujer ahí tienes a tu hijo” Luego dice al discípulo: “Ahí tienes a tu madre” Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa”. Palabra del Señor.


3.- Reflexiones:


a.- María de Nazaret, es la humilde hija de Israel, primogénita de él y madre del nuevo pueblo de Dios. Ella es la hija primogénita de la Iglesia, por ser el primer fruto de la redención y por tanto primer sarmiento injertado en Cristo, primer miembro de su Cuerpo Místico. María es Madre de la Iglesia porque desde siempre fue pensada para ser Madre de Aquél que debía dar vida verdadera al nuevo pueblo. De esta humilde hija de llegó a los hombres la salvación prometida por Dios en los comienzos de la historia humana. “Cuando el Hijo de Dios asumió de ella la naturaleza humana para librar al hombre del pecado” (LG 55). Los Santos Padre afirman que si bien por Eva nos vino la muerte por María nos vino la vida.


b.- Por derecho le corresponde a María ser la Madre de los salvados y esto no solo por ser la Madre del Salvador, sino porque estuvo enteramente unida a la historia de la salvación. Por la unión con su Hijo cualquiera acción suya tiene un valor salvífico, y el oficio de Madre que ejerce sobre Él se extiende a todos los creyentes. En el patíbulo de la Cruz, cuando Jesús la confía a Juan, y más tarde cuando en el Cenáculo espera Pentecostés, María aparece de lleno cumpliendo su función de Madre de la Iglesia, la cual se llena de amor materno que fecunda la oración de la comunidad a la espera de Pentecostés.


c.- María está unida a la Iglesia en cuanto modelo de fe, caridad y perfecta unión con Cristo. María cree en momentos oscuros y difíciles. Perseveró al pie de la Cruz, impertérrita, a la muerte del Hijo, cuando todo desaparece y se derrumban las esperanzas, Ella permanece como el modelo sublime de fe de la Iglesia. A pesar de todas las dificultades que ha vivido y vive la Iglesia encuentra en María Santísima, la fuente de la fe para alimentar la propia fe. La Virgen es también modelo de caridad. Nadie como Ella amó a Dios y al prójimo. Con afecto materno anima a todos los que tienen una misión apostólica en la Iglesia, coopera a la regeneración de los hombres. Los Pastores y seglares han de reflejarse en María, en su modo de actuar a la hora de cumplir su misión evangelizadora, y de caridad, consagrándose al servicio de Dios y de los hombres.


d.- El Concilio Vaticano II enseña:

“La Iglesia, contemplando su profunda santidad e imitando su caridad y cumpliendo fielmente la voluntad del Padre, se hace también madre mediante la palabra de Dios aceptada con fidelidad, pues por la predicación y el bautismo engendra a una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por obra del Espíritu Santo y nacidos de Dios. Y es igualmente virgen, que guarda pura e íntegramente la fe prometida al Esposo, y a imitación de la Madre de su Señor, por virtud del Espíritu Santo, conserva virginalmente una fe íntegra, una esperanza sólida y una caridad sincera” (Vaticano II, LG 64 ).

4.- Preces: Oremos al Padre por medio del Hijo en el Espíritu Santo.


María, Madre de la Iglesia, atiende nuestra plegaria.

a.- Por la Santa Iglesia de Jesucristo, para que a ejemplo tuyo pueda ser obediente en la fe y ardiente en la caridad para acoger tu plan de salvación entre los hombres. Oremos.

b.- Por el Papa, los obispos, sacerdotes y religiosos para que a ejemplo de María vivan y den testimonio de una vida teologal y de oración comprometida con Dios y el hombre de hoy. Oremos.

c.- Por todos los agentes pastorales de nuestra patria para que su fidelidad al Evangelio y a sus Pastores y su servicio y entrega generosa sea reconocida y valorada por el pueblo de Dios. Oremos.

d.- Por todos los alejados de la fe y de la Iglesia para que busquen y encuentre en la comunidad cristiana un hogar cálido y fraterno de reencuentro con la fe, la verdad y la caridad. Oremos.

Oremos: Te suplicamos, Señor, que nos asista con su intercesión poderosa la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia y de la Orden del Carmelo, para que guiados por su ejemplo y protección, lleguemos hasta la cima del monte de la perfección que es Cristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.


5.- Oración final


“¡Oh Virgen Santísima del Carmen!, Llenos de la más tierna confianza, como hijos que acuden a la protección de su Madre, nosotros venimos a implorar una vez más los tesoros de su misericordia, que con tanta solicitud nos habéis siempre dispensado. Reconocemos humildemente que uno de los mayores beneficios que Dios ha concedido a nuestra Patria ha sido señalaros a Vos por nuestra especial Abogada, Protectora y Reina. Por eso, a Vos clamamos en todos nuestros peligros y necesidades, seguros de ser benignamente escuchados. Vos sois la Madre de la divina gracia, conservad puras nuestras almas; sois la torre poderosa de David; defended el honor y la libertad de nuestra Nación; sois el refugio de los pecadores, tronchad las cadenas de los esclavos del error y del vicio; sois el Consuelo de los afligidos, socorred a las viudas, a los huérfanos y a los desvalidos; sois el Auxilio de los cristianos, conservad nuestra fe, y proteged a nuestra Iglesia, en especial a sus obispos, sacerdotes y religiosos.


Desde el trono de vuestra gloria, atended a nuestras súplicas, ¡Oh Madre del Carmelo! Abrid vuestro manto, y cubrid con él a mi república, de cuya bandera Vos sois la Estrella luminosa. Os pedimos el acierto para los magistrados, legisladores y jueces; paz y piedad, para los matrimonios y familias; santo temor de Dios, para los maestros; inocencia para los niños; y para la juventud cristiana educación. Apartad de nuestras ciudades los terremotos, incendios y epidemias; alejad de nuestros mares las tormentas, y dad la abundancia a nuestros campos y montañas. Sed Vos el escudo de nuestros guerreros, y el faro de nuestros marinos amparo de los ausentes y viajeros. Sed el remedio de los enfermos, la fortaleza de las almas atribulada, la protectora especial de los moribundos y la redentora de las almas del Purgatorio.


¡Oídnos pues Madre Clementísima!, y haced que, viviendo unidos en la vida por la confesión de una misma fe y por la práctica de un mismo amor al Corazón Divino de Jesús, podamos ser trasladados de esta Patria terrenal a la Patria inmortal del cielo, en que os alabaremos y bendeciremos por los siglos de los siglos. Así sea.


6.- Canto final: Salve Virgen del Carmen


7.- Sugerencias para tu oración personal:


- “¡Oh Virgen María, Madre de la Iglesia!, a ti te encomiendo la Iglesia entera... “Tú, auxiliumepiscoporum”, protege y asiste a los obispos en su misión apostólica y a cuantos, sacerdotes, religiosos y seglares, les ayudan en su difícil tarea. Tú que fuíeste presentada por tu mismo Hijo divino, en el momento de su muerte redentora, como Madre al discípulo predilecto, acuérdate del pueblo cristiano que en ti confía. Acuérdate de todos tus hijos; confirma ante Dios sus plegarias, conserva incólume su fe, refuerza su esperanza, auméntales la caridad. Acuérdate de cuantos se hallan en la necesidad, en la tribulación o en el peligro; especialmente de cuantos sufren persecución y están en la cárcel por causa de la fe. Consígueles, oh Virgen santa, la debida fortaleza y apresura el día de la justa libertad. Mira con ojos benignos a nuestros hermanos separados, y dígnate unirlos a todos, tú que has engendrado a Cristo puente de unión entre Dios y los hombres. Oh, templo de la luz sin sombra ni mancha! Intercede ante tu Hijo Unigénito, Mediador de nuestra reconciliación con el Padre, para que conceda misericordia a nuestras culpas y aleje toda discordia de entre nosotros, dando a nuestras almas la alegría de vivir” (Pablo VI, Insegnamenti, v.2 p. 677).